La compulsión mencionada puede reevaluarse en relación a la dinámica de supervivencia. Eso es interior en el organismo y en la raza. Y, ¿qué es “necesario” para la supervivencia?
Hay dos factores en acción. La necesidad de evitar el dolor es un factor porque, poco a poco, pequeñas cosas que en sí no son mucho, pueden acumularse y formar grandes dolores que, combinados en esa rápida progresión geométrica, ocasionan la muerte. El dolor es el pesar de haber sido reprendido severamente por un mal trabajo realizado, porque eso puede llevar al despido, que puede llevar al hambre, que puede llevar a la muerte. Desarrolla cualquier ecuación en la que haya entrado el dolor, y podrás ver que se reduce a una privación de supervivencia. Y si esto fuera todo lo que hubiera respecto a sobrevivir, y si la necesidad fuese un pequeño gnomo perverso con un tridente, parece bastante obvio que habría escasas razones para seguir viviendo. Pero está la otra parte de la ecuación: el placer. Esa es una parte más estable que el dolor, pese a los estoicos, según lo demuestran las pruebas clínicas de Dianética. (Los estoicos pertenecían a una antigua filosofía griega que creía que la gente debería estar exenta de pasión, y aceptar con calma todo lo que les sucediera como el resultado inescapable de la voluntad divina. Y Dianética, por cierto, viene del griego dia, que significa “a través” y de nous, que significa “alma”. La forma más exacta de describirla es como “lo que el alma le está haciendo al cuerpo a través de la mente.”)
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